miércoles, 4 de mayo de 2011

¡Fuera de mi mesa!

¡Oye tú! ¡Sí, tú! ¡Fuera!. En el colegio era factible y bastante frecuente. El que te echaran de la sala por flojo o desordenado se convirtió en un clásico después de más de una década de cuadernos y pupitres. Cuadernos y pupitres. Hojas y dados. La mesa de los juegos de rol. El director de juego no es un profesor anti-constructivismo, ni el jugador es un alumno pro-subelaleche. ¿Qué hacer con quien fue amablemente invitado pero sólo entorpece o fastidia en la mesa de rol?

Transformando un mal rato en una oportunidad. Que un jugador esté notoriamente desenchufado es un signo de que las cosas no andan bien, su atención está puesta en otro lado, por ejemplo en aquella torrecita de dados que tan afanósamente pretende levantar. En una mesa los jugadores pesan lo mismo que el director, debería ser un esfuerzo colectivo en traer a ese jugador de vuelta a la escena. El director puede traer a colación a sus PNJs más interesantes o poner un obstáculo al distraído, pero es también tarea de los jugadores dirigirle la palabra, invitarlo, motivarlo, resaltar la importancia de su personaje para la historia y sobretodo hacerlo sentir indispensable. Hacer a un PJ indispensable es algo de actitud, no se requieren grandes habilidades ni una hoja abultada con números golosos.

Vaya, así que apesar de todo continuas con lo mismo. Si el jugador no depone su actitud es un síntoma de que realmente no le interesa el juego. Nada más que hacer. Se pasa el rato y se borra de la lista de invitados para la próxima vez. Cuando se trata de un amigo es más complicado, cualquier conversación fuera de la mesa está más allá del dominio del rol, aunque con creatividad y voluntad, se podrían llevar algunos conflictos personales al juego, pero siempre con criterio, pues no se trata de incendiar la mesa con discusiones, sino convertir las discusiones en algo lúdico y resolverlas de una forma divertida.