lunes, 28 de marzo de 2011

Una maldición medieval

Ya se decía de mi a inicios de la década del 00 que era un chico a quien le gustaban las cosas medievales. Dragones, elfos, aventureros y castillos, poblaron mi imaginación incluso desde antes, cuando estaba en el colegio, cuando leí El Hobbit y El Señor de los Anillos.

No fue casual mi interés en la magia y la religión, las cartas Magic y el juego de rol Dungeon & Dragons, del cuál una vez recibí invitación a jugar, pero nunca se concretó. De hecho fue a principios de las década pasada en que realmente concreté mi paso hacia los juegos de rol. Recuerdo la primera experiencia. Me reía compulsivamente. Sería el preludio de un largo amorío.

Bien, no es de extrañar que mi primera experiencia dirigiendo fuese con Rolemaster, MERP (Tierra Media) y una versión propia de Seiken Densetsu (que hoy considero bastante deficiente), todos juegos de corte medieval-fantástico (uno más fantástico que otro). Y así fue durante años, a pesar de que experimenté como jugador en distintos géneros, lo mío siempre fue dirigir módulos medievales.

Mucho me costó escapar de la aplastante presencia de MERP. Lo hice con duras críticas, como de aquellos que se van escupiendo hacia atrás. Pero me guardo bellísimos recuerdos de las campañas jugadas.

De la sartén al fuego. Primer manual que me compro: Mouse Guard. Un juego de ratones con espadas, una suerte de Medioevo ratonil. Lo elegí más bien por la sencillez, porque tenía intenciones de que fuese un juego de paso, pero aquí me ven, bastante metido en el entuerto, con una nueva campaña en camino.

Y adivinen que juego tenía en carpeta: King Arthur Pendragon ¡no puede haber algo más medieval! Pero si el tiempo me pilla de pie todavía, quizá a fin de año termine dirigiendo The One Ring, sí, otra vez al mundo de Tolkien, otra vez a los dragones, los castillos y las espadas. Como si fuese una maldición.

No crean que no he considerado juegos de otros géneros: Qin: The Warring States, Call of Chtulhu o Spirit of the Century, por mencionar algunos. Pero una maldición es una maldición, sobretodo si hay mucha gente que te la está echando encima.