martes, 16 de noviembre de 2010

Evaluación de directores de juego

En una convención de juegos de rol pueden haber distintas actividades: teatro, música, danza, documentales, dibujos, restorán, etc. pero sin duda la actividad más importante son las mesas de juego. Malas mesas es igual a mal evento, de ahí radica la importancia de generar un instrumento que permita evaluar el desempeño histórico a fin de mejorar la calidad.

De acuerdo con esto, ha habido un generalizado consenso de crear una ficha de que mida el desempeño de los directores de juego. Tenemos en Chile, la primitiva percepción de que la calidad de la mesa depende exclusivamente del director. La propia expresión "director de juego" encierra esta trampa que nos lleva a pensar que el director es dueño y responsable de encausar la acción de juego, pero en la práctica vemos que son en definitiva los jugadores quienes encausan sus propias acciones y por tanto dirigen el juego. Es como si se tratara de una co-dirección. Sucede lo mismo con el término "narrador", en tal caso se contradice con el hecho de que en un juego de rol todos los jugadores son narradores.

En todo caso, ¿porqué necesitan los jugadores que los dirijan? Un buen jugador debería tener la capacidad de dirigirse sólo y dirigir su juego, su acción. El papel del director de juego, es transformar el excedente narrativo, la suma total de aquello que sin darse cuenta lo jugadores producen de sobra, digamos algún detalle que estuvo demás en su descripción, puede ser empleado para crear nuevas historias. Otro papel del director puede ser el de hacer aparecer en la narración elementos que los jugadores están pensando, pero no logran poner en orden en su cabeza, esto se hace a través de simples preguntas: ¿qué esperas encontrar en este lugar? ¿qué quieres saber exactamente de esta persona? ¿cuando crees que terminará tu trabajo? ¿porqué tienes miedo de que suceda tal cosa? etcétera.

Volvamos al asunto general.  Hemos comenzado a darnos cuenta de que una buena sesión depende tanto de los jugadores como del director, todos somos responsables, es difícil por supuesto delimitar en que grado lo es cada uno. Algunos en un afan racionalista se han aventurado a precisar que el director pone el 60% del juego y los jugadores el 40%, pero la verdad es que cuanto pone cada uno no se podría cotejar cuantativamente (resultaría absurdo medir cuantas palabras dijo, ideas que aportó, minutos que jugó).

No se quiere proponer aquí el instrumento que parece más adecuado, quizá se haga más adelante. Sólo se busca dejar en claro lo que se ha planteado hasta ahora: una encuesta para medir el desempeño del director sin medir el de los jugadores no solucionará el problema de la calidad de las mesas, sólo mostrará un aspecto amputado, que por si solo no vale mucho. Es necesario cambiar la mentalidad, para crear un sistema de información consistente con la realidad de los juegos de rol, juegos sociales, experiencia interpersonal, sinergia, colaboración y construcción colectiva.